MarginCue es el sistema operativo de tu restaurante: precios, costes, equipo y reservas en un mismo sitio. Cruza lo que pasa dentro y fuera del local —ventas, carta, eventos, clima— y lo convierte en decisiones que suben el margen, cada una con su razón al lado. Tú mandas: nada se ejecuta sin tu permiso.
El TPV anota lo que vendiste. La contabilidad lo suma a fin de mes. Pero las decisiones que mueven el margen —qué precio poner, cuánto pedir a cada proveedor, cuánta gente citar el martes, cuántas mesas guardar para el viernes— las tomas de memoria, sin tiempo y sin datos delante. El margen que se queda por el camino no aparece en ningún informe. Es invisible.
Más de margen es lo que se mueve los primeros meses. En un local que factura 40.000 € al mes, son entre 1.600 € y 3.200 € que hoy se quedan en la mesa.
No te pedimos que nos creas. El día 5 de cada mes, un informe te dice tu número exacto, en euros.
Precios, costes, equipo y reservas dejan de vivir en cuatro programas distintos. MarginCue los reúne y los cruza con el mismo contexto, porque la decisión buena casi nunca está en un solo número: subir un plato depende de lo que cuesta, de quién trabaja ese turno y de cuántas mesas vas a llenar.
Qué precio poner cada semana y qué platos cuidar, promocionar o quitar, siempre dentro de lo que cobra tu zona. Cada cambio llega con su razón al lado, nunca a ciegas.
Qué se está comiendo tu margen de verdad: escandallos, albaranes, pedidos y proveedores. Te avisa cuando un coste se mueve y rompe la cuenta de un plato.
Cuánta gente necesita cada servicio y cuánto cuesta de verdad. Horarios, turnos y coberturas cuadrados con la demanda que esperas, no a ojo.
Qué demanda aceptar, cuándo y en qué mesa. Reservas propias con depósito a medida, sin comisión por cubierto y con los datos del cliente en tu casa.
El mismo cerebro que hoy gobierna precios, costes, equipo y reservas se está extendiendo a la operación de servicio: sala, cocina y caja sobre una sola fuente de verdad. El destino es el restaurante entero —lo que se registra y lo que se decide— viviendo en un solo sistema, sin pegar programas con cinta aislante.
Mesas, comandas y ritmo de sala, conectados con la previsión de demanda y el plan de la semana en lugar de en una libreta aparte.
El pase de cocina con la ficha técnica y el coste real de cada plato delante, no en otra pantalla ni en la cabeza del jefe de cocina.
Cobro y cierre de turno sobre la misma operación, cuadrando solo lo que vendiste con lo que entró en caja.
Los pagos como infraestructura integrada, en una línea aparte del valor del sistema. Nunca se cobra por cubierto ni por empleado.
Esto es a donde vamos: el sistema operativo completo del restaurante. Hoy ya gobierna las decisiones económicas con gobernanza y atribución auditable; la capa de servicio se está construyendo sobre el mismo núcleo, para que con el tiempo nada quede fuera.
El plan de precios es el ejemplo más claro de cómo decide todo el sistema. Cada lunes preparamos la semana que viene: un precio por plato —igual los siete días— para los que tiene sentido mover, y la misma lógica avisa de los costes y los turnos. Tú lo revisas, ajustas lo que haga falta y apruebas la semana de golpe. Nada cambia a mitad de semana ni de servicio: el cliente paga el mismo precio que vio cuando reservó.
Si usas Square, lo conectamos en diez minutos. Si usas Agora, Revo, Glop o cualquier otro, subes tu hoja de ventas y listo. Solo miramos lo que ya vendiste.
Qué suele pasar cada día en tu zona: los menús del día de diario, los cruceros del viernes, el público local del sábado, las familias del domingo. Con todo eso fijamos el precio de la semana, y cada cambio lleva una frase que lo explica.
El lunes ves el plan completo: qué plato sube, cuál baja y por qué. Ajustas lo que no te cuadre y apruebas. Cuando llega la semana, los precios ya están en tu TPV y en tu carta.
Comparamos lo que vendiste con lo que habrías vendido sin tocar nada, limpio del clima y los eventos que iban a pasar igual. Si una propuesta no funcionó, te lo decimos y afinamos la siguiente.
Tu histórico es solo una de las cosas que miramos antes de proponerte el plan. Las otras son las que de verdad mueven tu demanda y que tú, entre servicio y servicio, no tienes cuándo consultar.
Tres buques en puerto el viernes. Un festival que llena el barrio el último fin de semana. Lo sabemos antes que tú y movemos el precio de los platos que tu zona pide esos días.
Lluvia el sábado: la terraza se vacía, el guiso de cuchara no. Sol y veintiocho grados: la ensalada y la cerveza aguantan un punto más. Lo cruzamos con tu propio histórico.
Festivo en Alemania la semana que viene: las mesas de ocho probablemente son alemanas, y piden platos distintos. Festivos de Francia y Reino Unido, lo mismo.
Junto a cada precio que proponemos ves la mediana que cobran tus vecinos por platos parecidos, recogida de cartas públicas. Tú decides si estás por encima, por debajo o en línea.
No es una promesa: es la prueba. Cada mes te demuestra, en euros, lo que el sistema te hizo ganar frente a no haber tocado nada —descontando el clima y los eventos que iban a pasar igual— y te sitúa frente a los locales parecidos al tuyo. Puntual el día 5, con metodología auditable. El test que tiene que pasar es sencillo: que lo enseñes a tu gestor sin tener que defenderlo.
Una sola cifra: lo que el sistema sumó este mes frente a tu propia línea base, con su intervalo de confianza. Sin maquillaje ni redondeos hacia arriba.
Reconstruimos qué habrías facturado sin el plan y descontamos clima, eventos, festivos y temporada. Lo que queda es lo atribuible al sistema, no a la suerte.
Tu ticket, tu ocupación y tu RevPASH contra la mediana de tu zona. Para saber si el margen que falta está en el precio, en la demanda o en el sitio.
| Métrica | Observado | Base contrafactual | Δ |
|---|---|---|---|
| RevPASH | 7,40 € | 6,95 € | +6,5% |
| Ocupación viernes noche | 92% | 84% | +8 pts |
| Ticket medio | 38,20 € | 36,90 € | +3,5% |
| Margen real | 64,1% | 62,8% | +1,3 pts |
Metodología. Tu resultado real frente a una línea base de lo que habrías facturado sin intervención, controlando clima, eventos, festivos y estacionalidad. La comparación usa locales parecidos al tuyo por carta y rango de precio. Cada cifra es trazable y defendible ante una auditoría.
Lo recibes por email el día 5. También tu gestor y una persona más, si quieres.
Esa comparación con tu zona se construye con datos agregados, nunca los de tus clientes, de muchos restaurantes como el tuyo. Cuantos más miden así, más nítido es el espejo para todos: ver si el margen que falta está en tu precio, en tu demanda o en tu zona. Es la lectura que hasta ahora solo tenían las cadenas con analista propio; ahora también el restaurante independiente.
El sistema nunca actúa donde no le diste permiso. Empiezas con que solo sugiera y, según vas confiando, le dejas más. Cada recomendación trae su porqué en una frase. Sin cajas negras.
El sistema te muestra el plan y la razón de cada cambio. No toca nada hasta que tú lo dices. Tú lees, tú decides.
Te llega la propuesta y se aplica en cuanto la apruebas. Un toque el lunes y la semana queda lista en tu TPV y tu carta.
Cuando confías, le dejas publicar dentro del tope y el suelo que tú pones, por categoría. Siempre con aviso y con marcha atrás.
Puedes mover el nivel por dominio y volver atrás cuando quieras. La última palabra es siempre tuya.
El cliente deja un depósito al reservar, del tamaño justo para cada grupo y cada día. Tú te quitas mesas vacías los viernes y no hay nadie cobrando comisión por cabeza. Funciona en tu web, en tu perfil de Google, o en una página propia si no tienes web.
Sube en los grupos grandes del viernes y baja para el habitual del martes. Tú defines la tabla por tramo, día, antelación e historial de no-shows. Si viene, no cobras nada extra. Si no aparece, el depósito es tuyo.
Si no tienes web, te damos una: foto, horarios, dirección, carta y botón de reservar, lista para tu perfil de Google. Si ya tienes web, le pegas un botón «Reservar» que abre el flujo encima de tu página.
Cada reserva alimenta la ficha del comensal: visitas, alergias, preferencias. Recordatorio por email 24 h y 3 h antes, con botón de confirmar o cancelar sin tener que llamar.
El cliente marca qué alérgenos evita y qué dieta sigue. Al enviar, recibe tu carta con los platos a evitar resaltados y los que encajan destacados. Cocina lo sabe antes de que se siente.
Clasificamos cada plato de tu carta en una de cuatro casillas. Es el trabajo del consultor gastronómico, hecho sobre los datos que ya pasaron por tu caja.
Cuéntanos tu caso y te respondemos en menos de 24 horas. Sin llamadas comerciales ni presión. Si encajamos, te proponemos cómo empezar, a tu ritmo y con atribución mensual auditable desde el primer mes.